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El Deseo del Sol por Tocar (I)

2021, Tijuana

 El Deseo del Sol por Tocar (I), se despliega como una relación—entre cuerpos, entre materiales, entre fuerzas que buscan el contacto. El sol es abordado como materia: algo que presiona, se filtra, insiste. El trabajo permanece en el momento previo a que el contacto se convierta en forma, donde la sensación antecede al significado. Lo que emerge es un campo de proximidad, donde la materia se mueve hacia la materia para registrar su propia existencia.

Dirección de Video : Eréndira Violeta González, Camarógrafa: Yadira Gutierrez Edición de Video: Migdael Machuca and Eréndira Violeta González.

El Sol

El sol no como visión, ni como dios, no como una inconsciencia iluminada, sino como materia. Materia que posee viscosidad según su temperatura, su humedad; materia con masa, densidad, que se vierte y gotea con gravedad. No es circular ni nítido, no posee una forma precisa; por el contrario, es pegajoso.

El sol es sólo materia con el deseo de tocar otra materia para sentir que existe.

La Miel

Las abejas recolectan el sol con el impulso de todo su cuerpo. Su probóscide (lengua) extrae el sol de la flor, lo transporta en su proventrículo (estómago); luego pasa de boca en boca, se almacena y se sella con una secreción líquida de su abdomen. Cada gota de sol es delicada y preciosa y requiere cuidado: el aumento de su temperatura corporal o el batir de sus alas crean el aire propicio para que el sol exude la intensidad de su dulzura.

La miel está hecha con órganos, por eso es visceral; su fragancia aromática y penetrante, y la promesa de dulzura, no están hechas para la contemplación: apelan a la lengua, a su consumo, exigen que participemos de ella.

La miel es el deseo del sol de tocar…

Los Cerros

Alguna vez pertenecieron al océano, ahora enfrentan el sol y el viento. Sedimentos marinos, areniscas y conglomerados conforman su cuerpo. Vegetación endémica y resistente se aferra a su suelo delgado, poroso y rocoso, y a sus flores. Ahora están desplazados en medio de la retícula urbana, cortados arbitrariamente para abrir paso a la autopista, divididos por la geografía. No tienen horizonte, sólo el ritmo vertical de la tierra abierta y el claroscuro de líneas huecas bajo el sol incandescente.

Son la sensación de olas enormes a punto de caer, que he tenido desde la infancia… y que no se ha ido.

2026@ErendiraVioleta